Frente a la escalada bélica global y los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán
En los últimos días se ha producido una escalada militar de enorme gravedad que profundiza la inestabilidad en el Medio Oriente y amenaza la seguridad internacional. Los ataques aéreos ejecutados por Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán, que han provocado centenares de muertos y una serie de represalias militares, muestran el carácter destructivo y desregulado de un conflicto que ya trasciende los límites de la región.
Estos hechos no son azarosos ni aislados. Se inscriben en un proceso más profundo de reconfiguración del orden mundial, caracterizado por la crisis de las instituciones y acuerdos que estructuraron las relaciones internacionales tras la Segunda Guerra Mundial —como el sistema de Bretton Woods, las Naciones Unidas y los marcos jurídicos de soberanía e integridad territorial—, y que hoy se ven rebasados. En este contexto, el uso de la fuerza por parte de potencias hegemónicas se exhibe como herramienta principal para la resolución de disputas, en detrimento de la diplomacia y el derecho internacional.
El agravamiento de la situación mundial no puede entenderse sin reconocer el papel central del imperialismo norteamericano y de sus aliados, que actúan —bajo discursos de seguridad o “prevención”— para imponer intereses estratégicos, económicos y geopolíticos. La desaparición forzada de actores políticos extranjeros mediante acciones militares, sin mandato claro de organismos multilaterales, violenta principios fundamentales de la coexistencia pacífica y abre puertas a escenarios aún más inestables y peligrosos.
La actual crisis no sólo aviva tensiones regionales sino que tiene efectos globales: los mercados energéticos se ven alterados, los precios del petróleo y de los alimentos se disparan, y las economías de países ya golpeados por desigualdades estructurales sufren nuevas presiones. Además, la presencia de capacidades nucleares en múltiples actores del conflicto multiplica la posibilidad de consecuencias catastróficas.
Ante este oscuro panorama, desde Viento Sur reafirmamos:
- La necesidad de la paz como principio irrenunciable: cualquier solución que no pase por la diplomacia, la negociación multilateral y el respeto a la soberanía de los pueblos está condenada a reproducir ciclos de violencia.
- La defensa de la soberanía nacional y la autodeterminación de los pueblos: el derecho de cada país a decidir su destino sin injerencias externas debe ser una premisa fundamental de la política internacional.
- La condena del uso unilateral de la fuerza: las acciones militares sin aval de instancias multilaterales socavan el derecho internacional y colocan al mundo en riesgo de una conflagración de alcance aún mayor.
- La exigencia de políticas internacionales soberanas y autónomas para nuestro país y toda América Latina, que pongan por delante la vida de nuestros pueblos y no la alineación automática con bloques de poder que impulsan agendas agresivas.
Expresamos además nuestra profunda preocupación por la postura del gobierno argentino, que ha reaccionado elevando el nivel de alerta interna y reforzando medidas de seguridad sin un marco claro de política internacional soberana. El alineamiento automático con las posiciones de Estados Unidos e Israel —en un contexto en el que estas potencias impulsan una escalada militar de alcance global— es un riesgo directo para los intereses nacionales y para la seguridad de nuestra población.
Hacemos un llamado urgente a todas las fuerzas vivas del país —religiosos, partidos políticos, organizaciones sociales, sindicales, culturales, estudiantiles y cámaras representativas de la vida económica y política— a pronunciarse de manera explícita y a exigir al Estado argentino una política exterior que:
- Rechace la lógica de guerra y confrontación,
- Priorice la paz, el diálogo y la institucionalidad internacional,
- Defienda a nuestra población frente a decisiones que nos puedan arrastrar a conflictos ajenos,
- Y promueva la integración y la cooperación entre los pueblos como alternativa a la imposición de la fuerza.
En momentos en que las amenazas de un conflicto global más amplio son palpables, la coherencia democrática, el respeto a la vida y a la soberanía de los pueblos deben prevalecer sobre cualquier cálculo geopolítico que derive en más dolor y destrucción.




