La pobreza bajó y las vacas vuelan

El festejo y sus trampas

Cuando el ministro Luis Caputo tuiteó que la pobreza es «la más baja en 7 años» y que cayó casi 25 puntos desde que asumió Milei, estaba haciendo mucho de «contabilidad creativa» y aún más de narrativa falsa. El trader de siempre vendiendo expectativas.

El primer truco es simple: tomó como punto de partida el pico de 52,9% del primer semestre de 2024, que fue consecuencia directa del brutal ajuste tarifario y la megadevaluación que el propio gobierno de Milei aplicó en diciembre de 2023. Es decir, comparó el desastre que ellos mismos causaron con la parcial recuperación posterior, y lo presentó como un milagro. Si la comparación se hace de forma consistente —semestre contra semestre respecto al final del gobierno anterior— la pobreza en el segundo semestre de 2023 se ubicaba en torno al 41,7%, lo que implica una diferencia de apenas 13 puntos, no 25. Y esos 13 puntos, como veremos, tampoco son lo que parecen.


Los datos están dibujados: el problema de la subdeclaración

La EPH mide la pobreza a través de los ingresos que las personas declaran al ser encuestadas. En contextos de alta inflación, la gente tiende a subreportar sus ingresos —en parte porque los tienen en efectivo, en negro, o simplemente porque la volatilidad hace difícil estimar cuánto gana. Cuando la inflación baja, ese subreporte se corrige, y la EPH «captura» más ingresos. El resultado estadístico es una caída de la pobreza que no refleja una mejora real en el bolsillo de la gente, sino una mejora en la medición.

El ratio de captación de ingresos entre la EPH y el SIPA tuvo una tendencia declinante hasta el tercer trimestre de 2023, para luego revertirse bruscamente y mostrar una marcada mejora hasta el primer trimestre de 2025. Centro CEPA En términos llanos: la encuesta empezó a «ver» más ingresos no porque la gente gane más, sino porque la estabilización de precios facilita que los declare mejor.

Al aplicar correcciones por subdeclaración estructural y dinámica, la reducción de la pobreza entre el primer semestre de 2024 y el primero de 2025 se mantiene, pero en menor magnitud: bajaría entre 14,2 y 16,4 puntos porcentuales, frente a los 21,3 puntos que muestra la estimación oficial. Unlpam

A eso hay que sumar otro problema que el gobierno no quiere resolver: el INDEC utiliza actualmente la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) de 2004/05, cuando ya tiene disponible la de 2017/18. Centro CEPA Actualizar esa canasta incorporaría mayor peso de servicios —luz, gas, transporte— que aumentaron muy por encima del promedio general. El resultado sería una línea de pobreza más alta. Según estimaciones de economistas especializados, la pobreza actual con una canasta actualizada podría ser entre 5 y 6 puntos más alta que la oficial. El gobierno bloquea esa actualización porque le encarecería la línea y arruinaría el relato del milagro.

Corrigiendo ambos factores, la baja neta real estaría en torno a 3 o 4 puntos de pobreza. Unas 2 millones de personas, lejos de los 15 millones que proclama Milei —cifra que él mismo fue inflando progresivamente en sus apariciones públicas: 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15 millones— sin que ningún estudio serio la respalde.

2 millones de personas igualmente sería muy loable, pero sigamos viendo la película.


Lo que la realidad material dice

Hay indicadores que no encajan con la narrativa oficial. El consumo de leche en enero–febrero de 2025 es el segundo más bajo en años recientes, apenas por encima del de 2024 —el peor de la serie—, y muy por debajo de 2022 y 2023, años en los que el INDEC registraba más pobreza que ahora. Una caída del 15 al 25% respecto a siete años atrás en el consumo de un alimento básico para hogares con niños es difícil de conciliar con una reducción tan pronunciada de la pobreza. Si hubiera menos pobres, habría más consumo de leche. No lo hay.

Otros muchos indicadores son igual de dramáticos. Consumo en supermercados, consumo de yerba mate, la carne mejor ni hablemos, medicamentos. Todas cosas que la gente «no decide» no consumir. No puede.

Por cierto, el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina señala que la pobreza en Argentina no ha caído por debajo del 25% en dos décadas, incluso durante períodos de crecimiento, lo que indica que la tendencia descendente tiene un piso estructural difícil de perforar. Tendremos que dar vuelta la Patria para construir la realidad que soñamos.


La tendencia ya se revirtió: la pobreza está volviendo a crecer

Este es quizás el dato más importante que el gobierno oculta. La consultora ExQuanti —integrada por técnicos con trabajo también en la UBA— elabora series de pobreza con frecuencia mensual y canasta alternativa más realista. Esa curva muestra que la pobreza cayó con fuerza en los primeros trimestres del gobierno de Milei, pero desde el tercer o cuarto trimestre de 2024 empezó a subir nuevamente, recuperando aproximadamente la mitad de lo ganado. En términos concretos: la mejora máxima implicó alrededor de 5 millones de personas saliendo de la pobreza; luego, más de 2,7 millones volvieron a caer en solo tres meses. Martín Gonzalez Rosada, economista de Torquato Di Tella muchas veces citado por el propio gobierno, llega a la misma conclusión.

La inflación promedio mensual en el segundo semestre de 2025 fue del 2,3%, pero la canasta básica total subió al 2,5%, por encima de la inflación. Los salarios registrados crecieron por debajo de la inflación (28,8% frente al 31,5% del nivel general), mientras que los alimentos y bebidas avanzaron 32,2%. Los precios de los alimentos le están ganando a los ingresos. La pobreza no solo no está bajando más, está volviendo a crecer.


Lo que frenó el desastre no fue el mercado: fue el Estado

Aquí aparece la mayor contradicción del gobierno libertario. La razón por la que la situación no fue más dramática no tiene nada que ver con la desregulación ni con el achicamiento del Estado. Tiene que ver con herramientas de protección social construidas por gobiernos anteriores que Milei, pese a su retórica, no desarmó —y en algunos casos amplió porque no tuvo más remedio.

La Asignación Universal por Hijo, que sufrió un incremento significativo al comienzo de la gestión, es una política del gobierno kirchnerista. La Tarjeta Alimentar es una política de intervención estatal directa. La cantidad de planes sociales que el gobierno prometió eliminar crecieron de manera sideral. Sin esas transferencias, la caída en la pobreza habría sido mucho más profunda —y la posterior suba, más abrupta.

Y hay algo más. El financiamiento de esas políticas sociales que amortiguan el impacto del ajuste libertario es posible, en parte, gracias a dos decisiones soberanas de gobiernos anteriores: la recuperación de los fondos de las AFJP —que permitió reconstituir el sistema previsional público y garantizar jubilaciones mínimas— y la renacionalización de YPF, que preservó el control estatal sobre un recurso estratégico y sus rentas. Son exactamente el tipo de políticas que la cosmovisión libertaria repudia como «estatismo» y «populismo». Sin ellas, el piso desde el que opera el gobierno de Milei sería mucho más frágil.


El proyecto libertario no tiene red de contención

El problema de fondo no es estadístico: es político. El modelo libertario, en su versión más coherente, propone eliminar las herramientas que hasta ahora han evitado que las crisis se conviertan en catástrofes sociales. Si la pobreza está volviendo a subir —como sugieren las series trimestrales— y el gobierno responde con más ajuste y menos Estado, no hay amortiguador. Una política económica criminal, con políticas sociales que se licúan.

Tras la devaluación del peso a comienzos de 2024, la pobreza había trepado al 52,9% y la indigencia al 18,1%. Ese fue el costo inmediato del shock inicial. Lo que vino después fue una recuperación parcial, impulsada en buena medida por el mismo Estado que el gobierno dice querer destruir. Ahora que la recuperación se agota y la tendencia empieza a revertirse, la pregunta es qué herramientas tiene este gobierno para responder. La respuesta honesta es: muy pocas, y las que tiene las heredó.

Bajar 3 o 4 puntos de pobreza en dos años, con el escenario creado al inicio del gobierno y algunas consecuencias «positivas» transitorias posteriores —desinflación, corrección estadística, políticas sociales heredadas— y presentarlo como el mayor logro de la historia económica argentina no es solo una exageración. Es una preparación para el desamparo: cuando la realidad golpee de nuevo, el relato del milagro habrá agotado la credibilidad que se necesita para pedir paciencia o proponer soluciones.

Flyer sobre el artículo sobre "Bajó la pobreza y las vacas vuelan"

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