Trabajar de la cultura: cómo proteger un oficio intermitente
Una bailarina, un iluminador, una mediadora cultural: muchos trabajan por proyecto y sin cobertura. ¿Cómo se protege un trabajo que por naturaleza es discontinuo?
El trabajo cultural tiene una particularidad: es intermitente. Se trabaja por función, por temporada, por rodaje, por proyecto. Entre un trabajo y otro hay períodos sin ingresos, y muchas veces se combinan varios oficios a la vez. El sistema previsional y laboral, pensado para empleos estables, no sabe qué hacer con eso. Según la Cuenta Satélite de Cultura del INDEC, el 34,8 % del empleo cultural no está registrado.
Cómo funciona hoy
En la Argentina existen estatutos parciales para algunas actividades, como la música, el teatro o el cine, con alcances desiguales. Una intérprete puede tener cierta cobertura y, al mismo tiempo, una bailarina, una iluminadora o un mediador cultural no tener ninguna. Para muchos, la única opción es el monotributo o directamente la informalidad. Esa fragmentación es injusta, pero también ineficaz: dificulta negociar colectivamente y pensar una previsión coherente.
Qué hacen otros países
Alemania tiene desde 1983 la Künstlersozialkasse, una caja que asegura a artistas y periodistas independientes. Los artistas pagan la mitad de sus aportes, como cualquier asalariado; la otra mitad la financian el Estado y las empresas que usan obra artística, a través de una contribución que en 2026 es del 4,9 % de lo que pagan a los artistas.
Francia, por su parte, tiene un régimen específico de seguro de desempleo para los llamados intermitentes del espectáculo, que reconoce la discontinuidad como un rasgo propio del oficio y no como una falla. Ninguno de los dos modelos es trasladable tal cual, pero ambos parten de una misma idea: la intermitencia no tiene que castigarse.
Las complejidades
Cualquier esquema propio abre preguntas difíciles. ¿Quién entra en la categoría de trabajador cultural, y quién lo define? ¿Cómo se financia sin cargar todo sobre los propios trabajadores? ¿Qué aportan las empresas que se benefician del trabajo artístico, como las plataformas o los grandes productores? ¿Cómo se articula con las provincias y con los estatutos que ya existen?
Hay, además, un debate de fondo: reconocer el trabajo cultural como trabajo, con derechos, y no como una vocación que se sostiene a pura voluntad. ¿Por dónde empezar?
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