Inteligencia artificial y cultura: ¿quién cobra por las obras?
Los modelos de IA se entrenaron con obras ajenas sin permiso ni pago. ¿Hay que reforzar el derecho de autor o pensar otras formas de sostener a quienes crean?
Los modelos de inteligencia artificial generativa aprendieron a escribir, dibujar y componer a partir de millones de obras: libros, canciones, ilustraciones, películas. Buena parte de ese material está protegido por derechos de autor, y se usó sin autorización ni pago. Otra parte estaba compartida de manera abierta, para que cualquiera pudiera usarla. Al mismo tiempo, ilustradoras, traductores o dobladores ven cómo esas herramientas compiten con su trabajo. Las decisiones que se tomen en los próximos años van a marcar el campo cultural por décadas.
Lo que hizo Europa
La Unión Europea fue la primera en fijar reglas. Su ley de inteligencia artificial obliga, desde el 2 de agosto de 2025, a quienes desarrollan modelos de uso general a tener una política para cumplir con los derechos de autor, incluido el respeto de las reservas de derechos que expresan los autores, y a publicar «un resumen suficientemente detallado del contenido utilizado para el entrenamiento». Es un primer paso: saber con qué se entrenó un modelo es la condición para poder reclamar. Pero la lógica es la de la reserva: las obras se pueden usar salvo que quien tiene los derechos diga expresamente que no.
La paradoja de lo abierto
No todo lo que alimentó a la IA estaba cerrado. Durante veinte años, un movimiento amplio defendió que el conocimiento y la cultura circularan libremente: las licencias Creative Commons, el dominio público, Wikipedia, el software libre, el acceso abierto a la ciencia. La idea era que compartir amplía lo común y equilibra el poder frente a las grandes corporaciones.
Desde adentro de ese mismo movimiento surgió una autocrítica. En 2021, Paul Keller y Alek Tarkowski, de la fundación europea Open Future, publicaron «The Paradox of Open» (La paradoja de lo abierto). Su planteo: la apertura sirve a la vez para desafiar la concentración de poder y para habilitarla. Lo que se comparte libremente también lo aprovechan, a escala, unas pocas plataformas. En una revisión de 2023 dieron un ejemplo: unos 100 millones de fotos con licencia abierta, cerca de un cuarto de todas las que existen, terminaron en bases de datos para entrenar sistemas de reconocimiento facial.
Con la IA generativa, la paradoja se volvió más visible. En sus propuestas de 2024, Open Future describe a los grandes modelos entrenados con lo que está publicado en internet como la última versión del cercamiento de los bienes comunes digitales. La respuesta que proponen no es cerrar, sino fortalecer esos comunes y protegerlos de la explotación.
Creative Commons, la organización que creó las licencias abiertas más usadas del mundo, llegó a un diagnóstico parecido. En junio de 2025 presentó CC signals, un sistema para que quienes comparten obras indiquen en qué condiciones las máquinas pueden usarlas: dar crédito, aportar dinero al autor, aportar al ecosistema del que se benefician o usar sistemas de IA abiertos. Advierte que, si no hay reciprocidad, el riesgo es doble: la extracción sin límites o una internet cerrada detrás de muros de pago. Las señales no son obligatorias; a fines de 2025 se estaban probando en pilotos.
Ideas en discusión
A partir de estas experiencias, hay varias herramientas que se debaten en distintos lugares del mundo:
- Un canon por entrenamiento: que quienes usan obras para entrenar modelos paguen, y que ese dinero se reparta de manera colectiva, como ya ocurre con la música que suena en radios o bares.
- Un registro de obras usadas, con obligación de declarar qué se usó, para que autoras y autores puedan saberlo.
- Un aporte de la IA comercial a lo común: Open Future propone un gravamen a los sistemas comerciales para financiar infraestructuras públicas y sostener los bienes comunes del conocimiento.
- Desarrollos públicos y abiertos: bases de datos construidas con obras del dominio público y con licencias abiertas, herramientas pensadas para artistas, modelos que hablen en español rioplatense o ayuden a preservar lenguas originarias.
- Un observatorio que siga cómo cambia el trabajo cultural con estas tecnologías.
¿Más derechos o más comunes?
Detrás de estas ideas hay una pregunta de fondo. Una respuesta posible es reforzar el derecho de autor: exigir permiso y pago por cada obra usada. Tiene sentido, pero choca con límites concretos. La mayoría de los modelos se entrena fuera del país, y una regla nacional alcanza poco a empresas globales. El sistema europeo deja la carga en cada autor, que tiene que reservar sus derechos de manera expresa. Y el derecho de autor protege la obra, no necesariamente a quien la hace: muchas veces los derechos están cedidos a editoriales, discográficas o plataformas, y lo que se cobra no llega a quienes producen.
La otra respuesta es pensar formatos abiertos con reglas nuevas: comunes que se compartan, pero con reciprocidad, y fondos públicos o colectivos que no dependan de cobrar obra por obra. Tampoco es sencilla. ¿Quién gestiona esos fondos y cómo se reparten? ¿Cómo se evita que lo abierto vuelva a ser materia prima gratuita para unos pocos?
Quizás la pregunta no sea elegir entre una y otra, sino cuál es el objetivo. Si lo que importa es que quienes escriben, dibujan, actúan o componen puedan vivir de su trabajo, ¿alcanza con proteger mejor las obras, o hay que inventar otras formas de garantizar y mejorar las condiciones materiales de quienes producen cultura? La discusión está abierta en todo el mundo. La Argentina puede esperar a que otros decidan, o sumarse con una voz propia.
Para seguir leyendo
- Inteligencia artificial en la Provincia de Buenos Aires
- Peronismo y ética hacker
- ¿Sirven los Bienes Comunes para pensar una actualización política del peronismo?
Fuentes
- Comisión Europea: Ley de IA, artículo 53
- Open Future: The Paradox of Open, de Paul Keller y Alek Tarkowski (2021)
- Open Future: Paradox of Open Redux (2023)
- Open Future: Paradox of Open. Policies for the Digital Commons (2024)
- Open Future: Beyond AI and copyright (2025)
- Creative Commons: Introducing CC signals (junio de 2025)
- Creative Commons: CC signals, what we’ve been working on (diciembre de 2025)
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